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A lo largo del día el cuerpo funciona en tres programas distintos: la vigilia, el sueño lento y el sueño REM.
Cada uno cumple una función fisiológica normal.

Sin embargo, estamos descansando varias horas menos en las últimas décadas y ello repercute en el rendimiento físico, en el rendimiento cognitivo y en el desarrollo de ciertas enfermedades relacionadas a la falta de sueño.

Ese déficit de sueño se convierte en un factor de riesgo en las sociedades de funcionamiento continuo, (Sociedades 24/7) y junto al sedentarismo, la nutrición inadecuada, el tabaquismo, el consumo de alcohol y las drogas atentan contra nuestra salud, nuestro rendimiento laboral, nuestra vida social y sobre la seguridad pública.

Descansar funciona como la elongación de los músculos antes del ejercicio, incrementando la capacidad del cerebro para adaptarse eficazmente a las exigencias que se plantean a diario.